326. Gracias por todo, mi amor.
Siempre fui su lectora cero, porque sus letras no viajaban a ningún lado sin que yo las hubiera leído primero.
Solía decir que toda buena
historia se escondía en los detalles, en todo aquello que pasaba desapercibido para
una vista poco adiestrada, y también en los silencios, por todo lo que guardaban.
Y por ello se pasaba las horas anotando en su libreta ideas y fragmentos de
vidas ajenas, a las que luego daba forma en su vieja máquina de escribir.
Su creatividad se mantuvo intacta
durante muchos años, con una producción que público y crítica acogieron de buen
grado, aunque a él nunca pareció importarle ese reconocimiento, porque solo
escribía para mí.
Un día, en mi revisión diaria,
encontré un par de párrafos inconexos, a los que no quise dar importancia,
aunque poco después esa secuencia se repitió con mas asiduidad.
Lo que él achacaba al mal del
escritor, o simplemente a la huida de las caprichosas musas, los médicos dieron
un nombre menos poético.
Y como se empeñó en seguir con
sus rutinas, ya infructuosas, me sentí aliviada al encontrar, el día de su
muerte, una última frase anotada en su libreta, rompiendo su temida página en
blanco.
325. Igual lo deja.
Pulsar el mismo el interruptor de la luz al entrar, sin refuerzos, no fue la decisión más acertada, pero nadie podría dudar esta vez de su falta de iniciativa.
Tampoco quedaría en duda su
agilidad, puesto que antes de recibir el golpe en la cabeza, consiguió derribar
a uno de los asaltantes, ni su agudeza visual, ya que pudo visualizar todos los
números de la matrícula del vehículo antes de ser encerrado en el maletero.
Y solo al final, cuando lo
lanzaron al rio con los pies atados a una roca, le dio por pensar que lo de ser
policía, igual no era lo suyo.
324. Ideales y principios.
Mientras le vendaba los ojos, el verdugo intentó convencerla de que se retractase e implorase clemencia, aludiendo a que aún tendría tiempo de restituir su honor y salvar la vida.
Ella
se reafirmó en su postura, convencida de la veracidad de su teoría, y a
sabiendas de que un mundo sin libertad de juicio nunca tendría sentido.
Bajo
un griterío incesante, nadie pudo ver las lágrimas del verdugo, ocultas bajo la
capucha, mientras buscaba entre los asistentes alguna indicación en contra que
no encontró, ni el instante en el que llegó a dudar, antes de accionar la
palanca que acabaría con la vida de su mujer.
323. Postureo.
Desde el momento en que descubrió las redes sociales, su vida se convirtió en un escaparate en el que poder mostrarse a diario sin ningún reparo.
Nada más comenzar el día, y una
vez revisados los correos electrónicos, muros y estados, subía la foto de su #desayunoconvistas
a Instagram, seguido del registro de la ruta en bicicleta a Strava.
Cualquier aspecto que considerase
relevante en su vida era automáticamente compartido en Twitter, como los
resultados del último chequeo médico, con la etiqueta #sanacomounamanzana, una
reclamación bancaria, bajo el lema #quenoteengañen, o el malestar tras ser
multada por usar el móvil en el coche, con el hastag #telopuedescreer.
Durante su jornada laboral
participaba activamente en varios grupos de Linkedin, terminando el día con un
paseo nocturno acompañado por su pareja y el perro que subía como un directo a
Facebook.
Sus redes acumulaban cientos de
fotos de sus hijos, a los que sus seguidores podían ver crecer casi en directo,
y de todos sus amigos y allegados, porque ella no contemplaba su vida sin el
instante enmarcado en la red, llegando a molestarse, hasta el punto de llegar
al bloqueo, con el hastag #serárancio, cuando al hacer una foto grupal en algún
evento, alguna de esas personas ponía reparos, o incluso se negaba a que se
subiera a sus benditas redes.
Su vida transcurría entre selfis
y capturas de pantalla, bajo el lema #felizconlosmios, compartiendo su día a día
y el de los suyos, haciendo carrera como reputada hater por un lado, y probando
como Blogger o influencer en otro, compartiendo consejos y tutoriales de todo
lo que sabía o de lo que decía saber. Al
principio todo eran likes, kudos, y demás reconocimientos, pero después su
brillo virtual comenzó a descender, como si fuera una prenda que poco a poco
pasa de moda, y que al final se guarda en el cajón del olvido.
Fiel a su lema #noterrindasnunca,
lo intentó todo para recuperar su fama virtual, llegando incluso a bailar en
directo en modo tiktoker, con tal de conseguir nuevos seguidores. Pero las
redes, antes de su lado, parecían haber perdido el interés por su valiosa cotidianeidad.
Entonces llegaron los días en
blanco, sin comentarios ni likes, y sin apenas visionados. Al principio le
pareció una catástrofe, el fin de su mundo, no se podía creer lo que le estaba
pasando, ¿Cómo podían tratarla así las redes?
Lo pasó mal durante un tiempo, buscando
en cualquier foro online la solución a sus problemas, hasta que ocurrió algo
que no había pasado en años.
Llegó un día en el que, sin saber
porqué, levantó la cabeza de la pantalla.
Al retomar el contacto con la
realidad, al principio se sintió rara, en un mundo que suele quedar difuminado por
el brillo de las redes, en el que tenía que vivir de verdad, y en el que el
postureo sirve de poco. Entonces aprendió a cambiar los likes por sonrisas, los
comentarios por abrazos, y los directos por animadas charlas con los suyos
durante la cena, encontrando su pequeño hueco en un mundo que podía percibir,
en el que se sentía cómoda, y en el que consiguió ser feliz, sin necesidad de
aparentarlo.
Microrrelato nº 323 desde el inicio del blog.
322. Cierra los ojos.
En la comodidad de aquel diván encontré un refugio en el que calmar mis ánimos, al abrigo de una voz armoniosa que trataba de poner orden en mis pensamientos.
Aquella voz de aroma terapéutico me instaba a la introspección, al análisis de mi propia esencia, bajo la teoría de que la mente humana es un arma poderosa si se usa adecuadamente, y que la causa de todos mis temores podría encontrarse en mi interior.
Siguiendo ese consejo, cerré los ojos, y
bajo la calma más absoluta, puse mi mente a trabajar, rastreando entre mis recuerdos,
en busca de cualquier indicio de aquello que no me permitía vivir en paz.
En un primer viaje no encontré la
respuesta que anhelaba, y al abrir los ojos la ansiedad seguía jugando con mi maltrecho
ánimo. Volví a cerrarlos, aún más fuerte, buscando en rincones de mi mente que
permanecían olvidados, ajenos a mi propia existencia, donde encontré restos de
energías anómalas, desconocidas en un principio para mí, pero a las que decidí
conectarme en un arrebato de valentía.
Impulsado por esa nueva corriente, el
viaje me llevó hacia vidas pasadas de las que no tenía constancia, en las que
mi esencia, contenida en otras formas corpóreas, cohabitaba de forma armoniosa a
lo largo de sus ciclos vitales.
Lo intenté de nuevo, con mas fuerza aun,
buscando cualquier rastro de mí que permaneciera escondido, y entonces la
verdad se mostró de la forma más ominosa.
En nuestra vida, todo tiene un principio y
un final, pero no es así para la energía que albergamos en nuestro interior,
que permanece en el cuerpo mientras vivimos, pero que al morir se dispersa por
el infinito, buscando nuevas vidas que iluminar.
En mi última incursión encontré restos de
esa energía, y al enlazarme a ella pude vislumbrar la agonía de mis últimos días
en un hospital, el virus que habitaba en mi y que dio origen a la plaga, y el
contagio a nivel global. Pude sentir la
transformación de cada uno de los infectados, como se desvanecía su juicio y
afloraba la rabia y la sed de sangre como instinto primario que satisfacer. Me
dejé llevar por el miedo que flotaba entre los que permanecían escondidos, y caí
rendido ante el llanto desconsolado de los niños, al ver de cerca la barbarie y
el fin del mundo tal y como lo conocemos.
Entonces comprendí que el origen del mal
que me acechaba no estaba en mi mente, sino en mi propio cuerpo.
Después de aquella revelación, busqué
desesperadamente la forma de cerrar de nuevo los ojos, para no volver a
abrirlos jamás.
321. Juntos hasta el final.
Diferentes planes de huida a París, Roma o incluso lugares más exóticos habían surgido desde ese pequeño rincón en el que se habían conocido, y que poco a poco habían hecho suyo, a modo de refugio improvisado de todo lo que ocurría a su alrededor.
El problema era dar el paso. A
veces por miedo al fracaso, y otras por temor a que la vida tras la alambrada
pudiera separarlos, aunque siempre se prometían intentarlo al día siguiente,
como aquella mañana, en la que se dieron la mano cuando fueron conducidos a un
edificio cuya chimenea expulsaba un denso humo gris de olor tan desagradable.
320. Problemas en la gestión de residuos.
El temita de las bajantes fue el primero en tratarse en la reunión, adjudicándose las labores de desatasco a la empresa propuesta por el vecino del 5º C, especializada en esa casuística.
Solventado
ese punto, y tras una acalorada discusión sobre el contenido no escrito de
algunos de los estatutos de la comunidad, el administrador agradeció a los
vecinos de la plataforma de gestión de incidencias su celeridad al eliminar los
problemas de ruidos e impago de cuotas generados por el inquilino del 1º D, recordándoles,
no obstante, y sin dejar constancia en el acta, que existen formas más
discretas para deshacerse de un cadáver.
319. Punto y seguido.
Me acuerdo del día en que decidimos que no habría nada que se interpusiera entre nosotros.
Recuerdo lo ilusionado que estabas
cuando hicimos la lista de todos los viajes que teníamos pendientes. Al día
siguiente cogimos un vuelo a Egipto, y dos meses después estábamos bailando en
lo alto de la torre Eiffel.
Luego nos lo tomamos con
más calma.
Era lógico. Habíamos empezado con muchas ganas. Pero no cambiaría por nada ninguna
de las tardes que pasamos divagando en el club de lectura, ni los días en los que
madrugábamos para coleccionar amaneceres, acurrucados en el sofá con la manta y
un par de tazas de café.
He de reconocer que te dije que
cuando llegara el momento no iba a llorar, pero ya me conoces, y creo que me lo
sabrás perdonar.
También te prometí que haría lo
posible por pasar página, pero la nuestra es tan bella que lo único que me
apetece es volver a leerla una y otra vez, y como este final no me acaba de
convencer, y los dos hemos sido siempre muy testarudos, estoy segura de
que en algún momento y en cualquier lugar, encontraremos la forma de continuar
nuestra historia.
318. Última reunión de vecinos.
Hemos vivido en este edificio por miles de años, que nadie se olvide de eso.
Durante ese tiempo conseguimos
adaptar adecuadamente los cimientos, para sobrellevar el gran terremoto, y
reforzamos el aislamiento de las fachadas antes de la última glaciación, por no
hablar de como conseguimos solucionar los problemas de estanqueidad de las
ventanas durante el tsunami.
Entiendo que algunos vecinos
estén preocupados por lo del meteorito que va a impactar sobre la Tierra, pero
aún estamos pagando las reparaciones del tejado tras la tormenta solar, y como
administrador de la comunidad, después de analizar las cuentas, debo deciros
que el fin del mundo tendrá que esperar.
317. Decepción de proporciones galácticas.
Y la luz se apagó al extinguirse de repente el sol y el resto de estrellas.
La atmósfera no tardó en diluirse,
y la vida en la tierra quedó reducida a una amalgama de partículas en
suspensión, que rápidamente fueron atraídas por un movimiento de atracción y
fusión inmersiva de todos los planetas con sus sistemas y respectivas galaxias.
La gran implosión dio como
resultado un cuerpo prismático y minúsculo, que el alumno lanzó con desgana al
depósito de residuos cuánticos, junto con la medalla al segundo clasificado en
el concurso de ciencias planetarias.
316. El síndrome de la prosa impaciente.
Nada más cerrar el libro notó la cubierta agrietada y el título difuminado, observando con asombro como se filtraban entre las páginas cientos de letras suicidas, que caían en cascada al suelo.
El analista de letras marchitas
consultado encontró personajes desdibujados entre líneas, tramas prometedoras
que luego no alcanzaban profundidad, y capítulos salpicados de palabras sin
rumbo, incapaces de encontrar un buen final, diagnosticando a la obra con el
síndrome de la prosa impaciente.
Entonces el autor, siguiendo sus consejos,
aplicó cuidadosamente una terapia correctiva en fondo y forma, reanimando
personajes, armonizando tramas y dando brillo a una obra, ahora sí, digna del
mejor lector.
315. En el filo de la censura.
Nada más cerrar el libro, se tomó un instante para mirar por la ventana.
La ciudad era un hervidero de
soldados afines al Tercer Reich, que después de asaltar la universidad y las
bibliotecas, cargaban con las obras incautadas hacia la plaza, donde ya ardían
miles de manuscritos.
Cuando nadie miraba, el
suboficial aprovechó para esconder el libro, y después ordenó a sus soldados
que abandonaran la casa.
La sombra de la traición planeaba
sobre él cuándo lo devolvió a su autor, junto con documentos e instrucciones
precisas para salir del país. A cambio, su antiguo profesor le prometió que
nunca dejaría de escribir.
314. Ajuste temporal necesario.
La lluvia caía con fuerza, y el tiempo apremiaba, pero antes de irse mantuvieron una acalorada discusión sobre la inutilidad de los principios morales en según qué caso, que acabó con el lanzamiento de una moneda al aire. Una vez consultado el resultado, y después de una nueva discusión, eliminaron a las cucarachas del listado de seres vivos a salvar por parte de Noé, y regresaron al futuro en la máquina del tiempo.
313. Noches de pasión.
Ambas me miraban desafiantes, atentas al más mínimo movimiento, y disfrutando en todo momento de la mezcla entre el miedo y la excitación que me embriagaba.
Al día siguiente ellas volvieron al circo, y aunque no volví a verlas más, años después aún guardo el recuerdo imborrable de una noche de lujuria repartido entre decenas de arañazos.
312. Rutinas vampíricas.
Para volver a meterse en el ataúd le basta con cerrar los ojos con fuerza, y al abrirlos de nuevo toda la grandeza de la noche se muestra ante ella.
La transformación ha cambiado por
completo su forma de ver la vida, que ahora percibe con mayor detalle y profundidad.
Sus movimientos son ágiles y veloces, su fuerza se ha multiplicado, y con su
belleza tiene el mundo al alcance de la mano.
Y aunque lo de alimentarse era un
problema al principio, encontró la forma de hacerlo fácil y sin remordimientos.
Como ahora, que no ve el momento de hincarle el diente a su antiguo jefe.
311. Los caminos de la fe.
Confesiones como aquella eran las que habían moldeado poco a poco la fe del padre García, que entendió que la voluntad divina podía ser tan compleja como flexible, y que su cumplimiento a veces requería mancharse las manos con la sangre del algún pecador, como la del marido de Carmela, que ya era asunto de Dios.
310. Rescatado del olvido.
A su edad, la belleza queda en un segundo plano, como si fuera un elemento accesorio que ya no usa con asiduidad.
Ahora mismo le basta con
manejarse entre sus obstinados achaques y el desconcierto propio que le
transmite un mundo en el que le cuesta encajar, y donde los viejos anhelos como
el suyo quedan enterrados entre la inmediatez de lo cotidiano.
Aun así, se toma unos instantes,
y con ayuda de su nieta intenta disimular alguna de sus muchas arrugas.
Al salir de casa ve a su hija,
que aguarda junto al coche. No pueden evitar abrazarse, y soltar alguna lágrima,
como otras muchas veces, aunque desde que apareció aquel expediente todo es
distinto.
Al principio no daba crédito. Pero
luego las piezas del macabro puzle comenzaron a encajar; la fecha de la muerte,
el lugar, y después incluso la cuneta exacta donde él y otros de la brigada
mixta habían sido enterrados. La búsqueda, por fin, había terminado.
Durante el corto viaje al
instituto anatómico forense piensa en como actuará al ver los restos, en que le
dirá, y en como discurrirá el entierro que debió ser y que el olvido se empeñó
en negarle.
El traficante de momentos felices e irrepetibles (309)
—¿Quién es este señor? —Le pregunta a su amiga al verle tomar asiento.
—No te preocupes por él—le dice Sara—tú solo déjate llevar.
El hombre se desprende de su guante y toca la mano de Lucia
ante la atenta mirada de su amiga.
Tras unos segundos, su respiración se acelera, su cuerpo se
agita, y tras pronunciar algunas palabras inconexas, el brillo de sus ojos va
acentuándose cada vez más, para después inundarse en lágrimas.
Entonces, el misterioso hombre se pone de nuevo su guante,
y antes de marcharse le susurra a Lucía, aún en trance: al primero invita la
casa.
Los últimos de Andrushivka (308).
Ahora intentan borrar cualquier recuerdo contrario al propósito acordado, y después repartirán lo poco que les queda en tres platos.
Durante la cena hablarán de temas
triviales, de lo que han hecho ese día, y de todo lo bueno que ha de llegar.
Luego se abrazarán con fuerza, protegiéndose
del aire gélido que cada noche entra en la casa a través del hueco que dejó el
ultimo proyectil, el que se llevó a Olga, y no se dejarán asustar por el ruido
de las bombas, pese a que esa noche pueda ser la última.
Reseña del libro "La verdad sobre el caso de Harry Quebert"
Para los que nos gusta leer, pero también escribir, los libros en los que los protagonistas son escritores toman un interés especial, y en este caso, cuando se conjugan hábilmente con ingredientes de novela negra el resultado es aun mas interesante para un lector aficionado a este género.
1. Ficha bibliográfica.
La verdad sobre el caso de Harry
Quebert es la segunda novela del escritor suizo Joel Dicker.
La edición comentada es de
bolsillo, cuenta con 793 páginas entre el prólogo, historia, epílogo y
agradecimientos, y fue editada en España en 2015 por el Grupo Editorial Penguin
Ramdom House.
2. Presentación.
La novela está catalogada por la
crítica internacional como un cruce entre Larsson, Nabokov y Philip Roth, y ha
sido galardonada con varios premios y traducida a mas de treinta idiomas.
3. Información del autor.
Joel Dicker nació en Suiza en
1985. A los diecinueve años escribió y publicó el relato El tigre, con
el que se dio a conocer en su país. Después publicó su primera novela, “Los
últimos días de nuestros padres”, que resultó ganadora del premio a los
escritores Ginebrinos en 2010.
El espaldarazo definitivo a su
carrera se produjo con la publicación de La verdad sobre el caso de Harry
Quebert, aclamada por público y crítica. Desde entonces ha publicado El
libro de los Baltimore, La desaparición de Stephanie Mailer y El
enigma de la habitación 622, entre otros.
4. Argumento
Marcus Goldman es un escritor
joven que está saboreando la fama y el éxito tras la publicación de su última
novela, aclamada por la critica y con numerosas ventas que le han convertido en
el escritor del momento.
El problema es que, tras saborear
la fama, Marcus parece haberse quedado sin ideas, afectado por el fatídico
síndrome de la página en blanco, mientras que su agente y editor le apremian
para que escriba un nuevo bestseller.
En una medida desesperada, Marcus
decide buscar ayuda visitando a su antiguo profesor, el también escritor de
éxito, Harry Quebert, que lo acoge en Aurora, New Hampshire.
Poco después de la llegada de Marcus, Harry es arrestado por el asesinato de la joven Nola Kellergan, cuyo cuerpo se encontraba enterrado en el jardín de Harry.
Entonces Marcus comienza a
investigar el caso, intentando demostrar la inocencia de Harry, y aprovechando
para escribir un libro sobre su investigación. La investigación no es fácil, ya
que en Aurora hay muchos secretos que no quieren salir a la luz, y la verdad
solo se acaba mostrando al final de un largo e intrincado camino.
5. Personajes.
Marcus Goldman es un
escritor al que la fama le sonríe en el comienzo de la trama. Ha publicado
recientemente una novela con gran aceptación de publico y critica y disfruta de
las bondades económicas que le corresponden a un novelista afamado.
No obstante, el tiempo pasa y los
medios empiezan a olvidarse poco a poco de él para enfocar a otras nuevas
promesas. Su agente le aconseja que se centre en su nueva novela, y su editor
empieza a perder la paciencia con él.
Marcus sabe que debe centrarse en
su nueva novela, y lo intenta con todo su empeño, pero las ideas no fluyen, y
se estrella día tras día ante la página en blanco.
Después de intentarlo todo,
decide ir a ver a su mentor de la universidad, el escritor Harry Quebert, para
pedirle algunos consejos y poder reconducir su carrera de escritor.
Cuando Harry es detenido, acusado del asesinato de la joven Nola Kellergan, Marcus investiga sin descanso para tratar de demostrar la inocencia de su amigo y profesor.
Harry Quebert es un
escritor que vive desde 1975 en la pequeña cuidad de Aurora, a la que llegó desde
New York para concentrarse en su nueva novela. En su etapa como profesor
universitario conoció a Marcus Golman. Ambos congeniaron inmediatamente, pasando
mucho tiempo juntos en Aurora.
Durante la escritura de su
novela, Los Orígenes del Mal, años antes de su etapa con Marcus, Harry conoce a
la joven Nola. Pese a la diferencia de edad, quince años de Nola por treinta y
cuatro de Harry, ambos se enamoran y pasan, a escondidas, todo el tiempo que
pueden juntos en la casa que Harry tiene alquilada.
A Nola no le gusta la vida que
está llevado en Aurora, y le pide una y otra vez a Harry que huyan de allí y
pasen el resto de sus días juntos. A Harry, por un lado, le encantaría esa
vida, pero sabe que la diferencia de edad es un obstáculo insalvable en su relación.
Nola Kellergan es una joven que
vive en Aurora y que trabaja los fines de semana en un restaurante. Allí conoce
a Harry, e inmediatamente se enamora de él.
Dada su complicada vida familiar, y la imposibilidad de prosperar como ella quiere en Aurora, Nola se centra en ayudar a Harry a completar la novela que está escribiéndolo, cuidándole y ocupándose de todo para que el solo tenga que centrarse en escribir.
Luther Caleb es el chofer
de Elijah Stern, un hombre de negocios de la zona. Siendo un joven prometedor
fue golpeado en la cabeza por varios jóvenes, quedando desfigurado y con
dificultades para hablar. Poco después su novia le dejó, y se sumió en una
profunda depresión de la que solo fue capaz de salir al conocer a Elijah, que
le dio trabajo y le permitió recuperar su afición por la pintura.
En uno de sus viajes a Aurora,
conoce a Nola, que le recuerda a la novia que tuvo cuando era joven, y poco a poco
comienza a obsesionarse con ella.
Elijah Stern es un hombre
de negocios que le alquila a Harry la mansión en la que se hospeda en Aurora. Cuando
Harry es detenido y Marcus comienza a investigar el caso, el nombre de Elijah
aparece como uno de los posibles implicados.
Otros personajes importantes en
la trama son el padre de Nola, David Kellergan y Perry Gahalowood, sargento de la
policía estatal de New Hampshire, que, pese a su reticencia inicial, ayudará a
Marcus en su investigación
6. Opinión personal.
Una vez leída y disfrutada la
novela de Joel Dicker hay que destacar algunos aspectos fundamentales que ponen
en valor la obra:
En primer lugar, el autor ha
sabido encajar magistralmente una trama que se desarrolla en distintas etapas cronológicas,
(1975, 1998 y 2008), desarrollando de manera acertada a los personajes
principales, y manteniendo con un hermetismo acertado los secretos que cada uno
de ellos guardaban, y que solo se van mostrando al final de la novela.
La novela, protagonizada principalmente por escritores, ofrece al lector una visión bastante real sobre el oficio, los pros y los contras, las presiones de los agentes externos, la lucha interna del escritor, la gestión del éxito y el miedo al fracaso.
Las comparaciones entre la escritura
y el deporte, en este caso el boxeo y el running, son constantes en la novela,
resaltando en ambos casos la importancia que tiene el esfuerzo para avanzar y
prosperar.
7. Me quedo con la frase.
La enfermedad del escritor, Marcus,
no es la de no poder escribir más; es la de no querer escribir mas y ser
incapaz de dejarlo.
Mi amigo invisible (307)
Le dice que yo no existo, que no hay nadie más en la habitación, y que todo es producto de su imaginación. Después se sienta junto a él en la cama, lo abraza con fuerza y le asegura que todo va a salir bien, que solo es cuestión de tiempo.
Cuando su padre sale de la
habitación, filtrándose sigilosamente a través de la pared, me acerco a mi
nuevo amigo, y sin poder ocultar mi emoción, le pregunto si me enseñaría a
hacer eso.
Dudas (306).
En cierto modo él lo sabía, y supo darme tiempo. Todo llegará —me decía cada vez que me veía superado.
Por ello, el día en el que me pidió dar un paso adelante y ponerme al frente del negocio, no dudé.
Con un agujero entre ceja y ceja, y lo que aprecié como una sonrisa en los labios, creo que padre murió feliz.Micro relato enviado al concurso "Relatos En Cadena", de la SER. Frase de inicio: "Armario o cornisa".
Aleatoriamente feliz (305)
- Descansaré cuando me conteste que sí, ya felizmente casado y viviendo con ella en una pequeña pero coqueta villa junto a la costa azul. Allí cultivaremos unos pocos viñedos, daremos interminables paseos cogidos de la mano, cuidaremos de nuestros hijos, de los hijos de nuestros hijos, y dejaremos pasar los días disfrutando de cada puesta de sol.
- Suena bien, la verdad. Pero dime,
¿Qué harás si te dice que no?
- Pues intentarlo con una de sus
amigas, por ejemplo, aquella, la del vestido azul, ¿la ves? Si te digo la
verdad, también me veo casado con ella.
Fallo de principiante(304).
Llevaba mucho tiempo en esto, desarrollando una metodología precisa y sin fallos, fruto del aprendizaje con los mejores y de la búsqueda incesante de la perfección en todo lo que hacía. Y en base a la experiencia sabía que trabajos tenían que despacharse rápido y en cuales podía tomarme alguna que otra licencia.
Por eso, cuando me llegó ese
encargo, decidí darme unos días mas de plazo para disfrutarlo adecuadamente. No
todo iban a ser prisas.
Una vez analizado su modus operandi,
forcé un encuentro casual en el que darme a conocer y establecer un primer
contacto.
Tras la respuesta esperada, como
no podía ser de otra manera, siguieron un par de citas que sirvieron para
entablar un contacto algo mas intenso de lo habitual, lo reconozco, pero nada
fuera de lo que no me hubiera permitido en otras ocasiones.
Pero en el último contacto me di
cuenta de que había cometido dos errores de concepto. El primero fue enamorarme,
fallo de principiante, y el segundo, no darme cuenta de que las esposas que me
inmovilizaban a la cama no eran un juguete sexual, sino una herramienta correctamente
empleada por alguien que si se había tomado en serio su trabajo.
Reseña de "La llama de Focea", de Lorenzo Silva.
Para la primera reseña de este año he elegido un libro y un autor que para el que suscribe este autor es símbolo de calidad literaria contrastada.
Por motivos de tiempo no suelo
escribir reseñas literarias de todo lo que leo, y no soy de los que suelen criticar
libros porque sí. Sencillamente, lo que no me gusta ni lo reseño ni lo
recomiendo, pero en el caso concreto de este autor, y siendo sincero, no puedo
perdonarme que, después de más de quince libros leídos, esta sea la primera
reseña que publico.
1. Ficha bibliográfica.
La llama de Focea es la última
novela de la saga Bevilacqua y Chamorro, del autor español Lorenzo Silva. La
edición en tapa dura cuenta con 549 páginas y está editada por Destino.
A fecha de hoy, la saga mencionada
consta de trece novelas, comenzando por El lejano país de los estanques,
publicada en 1998. Esta saga ha tenido millones de lectores y varios
premios. La segunda novela, El alquimista impaciente, fue galardonada con el
premio Nadal en el año 2000, y la séptima, la marca del meridiano, con el
premio Planeta en 2012.
3. Información del autor.
Lorenzo Silva es probablemente
uno de los mejores y más prolíficos autores de novela policiaca en castellano,
y en concreto la saga de los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, una de las
más famosas y contrastadas del género.
Nacido en 1966 en Madrid, además
de por esta conocida saga, el autor ha sido galardonado y premiado por varias
novelas como La flaqueza del Bolchevique (finalista del Premio Nadal en
1977) o Carta blanca (premio Primavera en 2004)
4. Argumento
Cuando una joven barcelonesa
aparece muerta en una de las etapas del camino de Santiago, nuestros agentes de
la guardia civil Bevilaqua y Chamorro se desplazan hasta tierras gallegas para
ponerse al frente de la investigación.
Las primeras pesquisas encaminaran
a nuestro subteniente a Cataluña, y al igual que en la novela anterior, El
mal de Corcira, Lorenzo Silva aprovecha para contarnos la primera etapa de
Vila en tierras catalanas, enlazándose en la novela la trama actual y un viaje en
el tiempo hacia los años noventa, cuando
nuestro guardia civil había desembarcado en Barcelona, con su mujer embarazada
de su hijo Andrés, comenzaba una etapa compleja en la que estaría bajo la
tutela del sargento Robles, su polémico mentor.
5. Personajes.
Rubén Bevilacqua, o Vila, como el
se hace llamar habitualmente para ahorrarle a sus compañeros y contertulios el
esfuerzo de pronunciación, es un psicólogo frustrado que recaló de rebote en la
guardia civil.
Tras una etapa inicial en la que
recaló en el País Vasco en plena guerra armada con ETA, y posteriormente en la
Cataluña pro independentista de los años 90, su destino quedo fijado en Madrid,
en concreto en la unidad central de información.
El personaje de Vila afronta
cualquier investigación, generalmente homicidios, desde el punto de vista
tranquilo y reflexivo que el autor de forma acertada le ha sabido dar,
empleando sus conocimientos en psicología tanto para la descripción de los
perfiles de cada sospechoso, como para afrontar de manera audaz e incisiva los
interrogatorios.
De madre española y padre
uruguayo, de ahí su complicado apellido, Vila esta al frente de un equipo
formado por la brigada Virginia Chamorro, la cabo primero Inés Salgado y el
cabo Andreu, consolidado en la experiencia y el buen hacer.
El autor narra las historias a
través de la voz reflexiva y rica en matices léxicos de Vila, con referencias
culturales y musicales generalmente acertadas.
La inseparable compañera de Vila
es la brigada Virginia Chamorro, con quien comparte trabajo y equipo, además de
una inquebrantable amistad, desde el inicio de la saga.
Virginia es el complemento
perfecto de Bevilacqua, audaz, atrevida, inteligente y rápida mentalmente. Por
su diferencia de edad, Vila ve en ella un relevo natural para cuando el físico,
y sobre todo el intelecto, no le permitan seguir al frente del equipo.
La cabo primero Inés Salgado es
todo desparpajo, fuerza y empuje, algo que a veces juega en contra de los
intereses del equipo, pero que Villa sabe controlar casi siempre. Ágil tanto en
el trabajo de campo como en la oficina, es un buen complemente para sumar al
equipo.
Arnau fue el último en
incorporarse al equipo, pero su habilidad en la informativa y su disciplina en
el trabajo no le hacen desentonar en ningún momento.
6. Opinión personal.
En todas las novelas de la saga,
Lorenzo Silva narra cada trama a través de la voz reflexiva y analítica de Bevilacqua,
y con el paso de los años, esa voz, y por ende las novelas, ganan en
experiencia y meticulosidad.
Las historias de Vila y Chamorro quizá
no sean espectaculares, y no tengan esos giros sorprendentes que podemos leer
en otras novelas del género, pero es que Lorenzo Silva tiene la habilidad de
hacer que toda la trama encaje de manera magistralmente sencilla, haciendo de
cada novela un ejercicio de prosa excelsa que el lector no puede dejar de
disfrutar.
7. Me quedo con la frase.
La voluntad de un hombre, empeñada
a fondo, es capaz de vencer la mayor parte de los obstáculos y las zozobras que
se le oponen.





























