377. El último instante.

Sabía a soledad, pero también a paz, como el anterior. En los últimos días había aprendido a paladear cada instante, recreándose en todo lo que antes pudiera resultarle irrelevante.

Desde entonces había conseguido diferenciar dieciséis tonos de blanco en los tabiques de su habitación, y sentir cada mañana, con los primeros rayos de sol, la dilatación de los tubos que le suministraban oxígeno.

Por eso fue consciente de cómo se le fueron cerrando los párpados, del vacío en sus pulmones, y de la relajación de los ventrículos de su maltrecho corazón, que no volvió a latir, mientras sentía, a lo lejos, una voz que le resultaba familiar.



Microrrelato enviado al concurso "Relatos en Cadena", de la SER. Frase de inicio: "Sabía a soledad, pero también a paz". 

Relato nº 377 desde el origen del blog. 

376. Falsas apariencias.

Esa noche saldrían a cenar un bocadillo de calamares en algún bar de la plaza, y después se quedarían a bailar unas horas en la verbena.
Cambiar de domicilio resultaba tedioso, pero era parte de un plan que siempre les había funcionado. Lo primero, una casa en las afueras, desde la que tejer una estrategia de acercamiento con los lugareños, estableciendo conexiones con gente de marcada influencia, como Pedro, el alcalde, para llegar después a otros perfiles de vida sencilla, más retirada del bullicio general, a los que mostrar su verdadera esencia, como Elena, la desorientada turista que tenían encerrada en el sótano de su casa.


Imagen de Pablo Valerio en Pixabay


Microrrelato enviado al concurso "Relatos En Cadena", de la SER. Frase de inicio "Esa noche saldrían a cenar un bocadillo de calamares".
Relato nº 376 desde el origen del blog. 

Reseña de la novela "Las fuerzas contrarias", de Lorenzo Silva.

En esta entrada quiero dar mi opinión sobre la novela “Las Fuerzas Contrarias”, de Lorenzo Silva.




Esta novela es la nº 14 de la saga “Bevilacqua y Chamorro”. La edición reseñada, de la editorial Destino, cuenta con 404 páginas, entre la novela, el epílogo y los agradecimientos.

Cualquiera que haya leído las novelas anteriores de la saga, y que disfrute de la prosa de Lorenzo Silva, sabe que en cada entrega en donde entran en liza esta pareja de guardias civiles, está garantizada una lectura, tanto en el fondo como en la forma, que no pasa inadvertida.

Como eterno aprendiz de escritor, hace tiempo que intento sacar provecho de los libros que leo, y las novelas de Lorenzo Silva suelen ser propicias a las anotaciones, subrayados y en cierto modo al ejercicio de dejar reposar las palabras, que suelen ganar armonía en la relectura.

No voy a descubrir nada nuevo al decir que la fuerza de las novelas de esta saga reside en el brillante dialogo interno de su personaje principal, el subteniente Bevilacqua.

Es cierto que las tramas en las que se ve inmerso el lecto de la mano de sus personajes están perfectamente delineadas, y sin necesitar fuegos de artificio, siempre hay algún giro final que nos descoloca, siempre para bien, al final de la historia.

Pero es ese tratamiento de los personajes, de los que vamos aprendiendo algo más en cada entrega, y esa fuerza interior que les otorga el autor, lo que da brillo a cada novela.

Lorenzo Silva se las arregla, con gran desempeño, para contarnos algo nuevo de Vila y Vir en cada entrega, filtrándolo en ese diálogo interno tan potente con el que ha dotado a Rubén Bevilacqua, y que yo no he sabido encontrar en ninguna otra lectura que haya caído en mis manos; y en sus confesiones con Chamorro, personaje que poco a poco ha ido ganando sitio y peso en cada historia, al igual que el resto del equipo, con Arnau y Salgado a la cabeza, que poco a poco van asomándose al interés de los lectores.

En esta entrega, nuestra pareja de guardias civiles se encuentra en pleno estado de alarma nacional, como consecuencia de la epidemia de COVID.

Esta incidencia nacional deja un poco descolocada a la unidad central de la policía judicial, que está investigando un caso de asesinato en la provincia de Badajoz, en donde está infiltrado Arnau.

Cuando apenas han conseguido adaptarse a su nueva situación, un viejo conocido de Vila, el brigada López, de la Policía Judicial de Illescas, le pide ayuda para intentar esclarecer un presunto asesinato, enmascarado entre las muertes del COVID, de una anciana llamada Caridad.

López cree que al arrullo del virus puede haber algún que otro asesinato mas, y que las victimas merecen la mejor ayuda posible.

Entonces Vila y Chamorro recomponen filas, y sin dejar de prestar el debido apoyo a la peligrosa incursión de Arnau, se disponen a investigar el caso de Illescas con la ayuda de algunos de los fieles al brigada López.

En la novela se incluyen tanto las preocupaciones de los personajes habituales, con especial atención en este caso a sus mayores, más expuestos que nadie al virus, como una trama interna en la que se ven inmersos tanto el comandante Ferrer como el teniente General Pereira, y que indirectamente afectará a Rubén.

También quedaran adecuadamente retratados, con su dosis habitual de empatía, los desafortunados villanos, ajenos tanto a quienes se enfrentan como a su empeño y desempeño habitual.

En definitiva, mas Bevilacqua y Chamorro en estado puro, con toda su esencia. Y que dure.

Por último, me quedo con este párrafo: “al cabo de los años, cuando el vendaval del tiempo se ha llevado la hojarasca, lo que queda en el recuerdo es solo lo que nos mordió en el corazón”.




375. En cualquier otra vida.


Al volver en sí, Jack se notó desorientado, y con una sensación de frío de la que no conseguía desembarazarse.

—¿Se puede saber que te pasa? —le preguntó su amigo— llevas todo el día como ausente, y necesito que te centres. Estamos a punto de embarcar.

—Lo siento, Danny. Hoy no me encuentro muy bien, la verdad.

—Vamos, Jack, no podemos permitirnos el lujo de despistarnos. Recuerda que somos los primeros cocineros en viajar al planeta KOI-775.03. El siguiente viaje interplanetario no se realizará hasta dentro de tres años. Eso nos da ventaja con respecto al resto de cocineros que vayan llegando después. Seremos los encargados de dar de comer a los colonos que completaran la terraformación del planeta, y en un año podremos abrir nuestro propio restaurante. Y eso solo es el principio.

Desde que se conocieron las prometedoras condiciones de vida de un planeta situado a tres años luz de la Tierra, todas las organizaciones espaciales se habían empeñado en ser las primeras en enviar una expedición que confirmase que KOI-775.03 presentaba condiciones compatibles con la vida terráquea, y en cuanto se confirmaron las hipótesis, y dada la fecha de caducidad que los científicos habían dado al planeta Tierra, comenzó la carrera para enviar expediciones tripuladas al nuevo destino.

Jack y Danny estaban a punto de embarcar, junto con 498 personas más de otros países, en la primera expedición espacial que sentaría las bases para la posterior llegada de toda la humanidad.

Conseguir estar entre los elegidos no había sido tarea fácil para ellos. Aparte del talento y esfuerzo que se les presuponía, los dos asientos que ocupaban en la nave espacial habían supuesto grandes esfuerzos económicos para sus familias. Además de las entrevistas, pruebas y otros trámites asociados al proceso de selección, el proceso había supuesto alguna que otra disputa con el resto de los candidatos, y aunque las familias de los chicos no habían mencionado nada al respecto, en el proceso final fue necesario algún que otro soborno para conseguir que ambos tuvieran plaza en la nave.

Junto a ellos, la tripulación de la nave se había completado con lo mejor de lo mejor en cada campo. Ingenieros, médicos, maestros, albañiles, periodistas, filósofos e incluso alguna actriz.

Tras unos momentos de nerviosismo, la nave atravesó la atmósfera terrestre y puso rumbo al planeta elegido, a la velocidad de la luz. Por delante quedaban dos meses de trayecto, tiempo que se había organizado entre cursos y prácticas de formación sobre las labores que deberían desarrollarse en el planeta de destino.

Durante el tercer día de viaje, en uno de los cursos, Jack conoció a una enfermera llamada Rose. Enseguida notaron cierta sintonía, que fue confirmada poco después de tomar un primer café juntos.

La vida parecía sonreír a los chicos, ya que Danny también había hecho amistad con una ingeniera llamada Elisa. Al final del cuarto día de viaje, cuando las dos parejas compartían animadamente una copa en uno de los miradores de la nave, percibieron un gran estruendo, seguido de fuertes sacudidas que acabaron con los chicos en el suelo.

La nave quedó completamente a oscuras, y el caos no tardó en reinar, ya que los miembros de la tripulación apenas conseguían tranquilizar a los pasajeros.

Cuando se conectó el generador de emergencia, la nueva realidad cayó como una losa sobre la armonía que había imperado hasta el incidente. Según los datos recabados, el impacto con un campo de asteroides había inutilizado los motores, y sin propulsión, la nave estaba condenada a ser engullida por un agujero negro cercano.

Entonces los acontecimientos se precipitaron rápidamente. Aunque las cápsulas de emergencia no tenían autonomía para volver a la Tierra, se produjeron peleas para acceder a ellas y escapar a la espera de alguna nave de rescate, y pese a los esfuerzos, solo las chicas consiguieron plaza. Además, Danny sufrió una herida mortal en la pugna formada junto a la entrada a una de las cápsulas.

Resignado a su suerte, Jack deambuló durante horas bajo un nuevo estado de enajenación, hasta que fue despertado por el capitán del barco, sereno ante un destino que ya conocía, y que le reveló la terrible maldición que tanto el como otros sufrían, pues según la caprichosa profecía, todos los fallecidos el 15 de abril de 1912 en un navío llamado RMS Titanic, volverían a naufragar cada 100 años, en cualquier lugar, en cualquier realidad, y en cualquier otra vida.


Relato enviado al reto mensual de la web "Literautas". 
Condiciones del reto: Usar las palabras actriz, soborno y profecía en un relato. Como reto adicional, la trama debe suceder en un barco. 
Relato nº 375 desde el origen del blog.