Manuel decidió saltarse la merienda y seguir disfrutando de las vistas desde el acantilado, dejando caer sus preocupaciones mientras el atardecer iba difuminando el contorno de la isla y su interior, donde ya no alcanzaba a ver los restos del avión. Pese a que no tenía planes más allá de esa noche, nada enturbiaba su ánimo. Las discusiones por la imposibilidad de pedir ayuda o la escasez de alimentos habían quedado atrás, y aunque acabar con diez años de matrimonio fue un trago que estaba siendo difícil de digerir, se le hacía la boca agua al pensar en la próxima cena con su suegra.
366. La sonrisa.
Me esparce crema solar por el cogote, me besa con pasión y termina de enterrarme en la arena, dejándome la cabeza libre. Mientras me dejo hacer disfruto de la sonrisa que pone cuando me arrastra a estas travesuras. Hacía tiempo que no la veía.
Pasamos horas en la playa, hablando, riéndonos de todo y confesando cualquier secreto del que quisiéramos despojarnos para ser libres.
Después la pierdo de vista, y cuando el agua de la marea acaricia mi cara, me sorprende con un bolígrafo, el acuerdo de divorcio, y ese brillo que tienen sus ojos cuando sabe que va a conseguir lo que quiere.
Pasamos horas en la playa, hablando, riéndonos de todo y confesando cualquier secreto del que quisiéramos despojarnos para ser libres.
Después la pierdo de vista, y cuando el agua de la marea acaricia mi cara, me sorprende con un bolígrafo, el acuerdo de divorcio, y ese brillo que tienen sus ojos cuando sabe que va a conseguir lo que quiere.
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