Salgo de casa sin pisar las
juntas del suelo y recojo con la mano izquierda el periódico que Armando me
lanza al verme. Se nota que ha mejorado la técnica. Continuo calle arriba
sumando dígitos de las matriculas de los coches que me pasan; hoy casi no lo
consigo con tanto tráfico.
Ya en la avenida me cubro los
ojos con el pañuelo de mi bolsillo y cruzo a diez metros del paso de peatones;
pero desde que tú cruzaste los conductores son más prudentes.
Creo que no entienden que me
estas esperando en el siguiente nivel con vida nueva.