337. El chispazo.

Dejó la calle llena de líricos cadáveres tras la negativa del editor. Los primeros en caer fueron los personajes principales, faltos de carisma y profundidad, a los que ajustició con certeros puntos finales a vuelta de página. Después se deshizo de los secundarios, añadiendo letras suicidas en sus anodinas tramas. Como daño colateral de un mundo en deconstrucción, el narrador, sin nada que contar, fue consumiéndose, víctima de su propia omnisciencia. Después el autor se dejó arrastrar al abismo de la página en blanco, donde vagaba resignado cuando notó un chispazo en forma revelación, imágenes con sentido y armonía, una historia que contar. Ahora solo faltaba escribirla.



Imagen de Mohamed Hassan en Pixabay

Micro relato enviado al concurso “Relatos En Cadena”, de la SER. Frase de inicio: “Dejó la calle llena de líricos cadáveres”.

Relato nº 337 desde el origen del blog. 



336. Metamorfosis literaria.

 

Me preguntaba en qué momento se había complicado tanto ser poeta. Fue poco después de instalarme en un apartamento del centro, cuando la armonía y el estudio de los detalles que solían acompañarme se esfumaron, y a cambio empecé a convivir con el ruido incesante, los atascos y las discusiones con personas que directamente hablaban por hablar. Intenté en vano adaptar mis versos al contexto actual, pero tras una discusión acalorada sobre hábitos higiénicos con un hombre y su perro, decidí darle una vuelta de tuerca a mis letras. Al día siguiente compré una pistola, esperé pacientemente al tipo del perro, y me pasé a la novela negra.

Imagen de Free Fun Art en Pixabay

Microrrelato finalista semanal (semana 24) del concurso “Relatos En Cadena”, de la SER. Frase de inicio: “Me preguntaba en qué momento se había complicado tanto ser poeta”.

Relato nº 336 desde el origen del blog.

335. El diario.

Una calavera, pequeña y con una oquedad, se muestra sobre el escritorio a su llegada. Al otro lado, el resto del esqueleto, dentro del cochecito. El horror le sobrepasa, y no puede evitar caer al suelo. Al volver en si observa el diario de Daniel, sobre la mesilla, abierto. Se acerca despacio, y comienza a pasar las páginas. Al leer la última, intenta huir, pero queda paralizada al sentir un aliento gélido tras de sí. Después nota un cuchillo penetrando poco a poco en su cuello, su sangre cayendo y deslizándose hacia el diario, donde se forman las palabras “no debiste volver, mama”.

Imagen de 3530416 en Pixabay

Microrrelato enviado al concurso “Relatos En Cadena”, de la SER. Frase de inicio: “na calavera, pequeña”.

Relato nº 335 desde el origen del blog.