409. La vieja lima.

Le pregunto con amabilidad cuánto me costará la cena.

Él sonríe, tapa la cuenta con su tarjeta y se la entrega al camarero. ―Seguro que encuentras alguna forma de compensarme ―contesta, mirándome de nuevo el escote.

Antes del postre me disculpo para ir al baño. Frente al espejo, saco el teléfono y contesto rápidamente un mensaje. “Será esta noche”.

Al guardarlo reviso el bolso. Todo está en su sitio. La pistola, las esposas y la vieja lima de uñas, con su borde tan útil como afilado.

Tras retocarme los labios regreso a la mesa. Él me espera con una sonrisa.

Me encanta cuando piensan que tienen el control.


Imagen generada con IA (Copilot)

Microrrelato enviado al concurso "Relatos En Cadena", de la SER. 
Frase de inicio: "Le pregunto con amabilidad cuanto me costará la cena"
Relato nº 409 desde el origen del blog. 


408. El sindrome de la imaginación desbordada.

Durante un fugaz instante vuelvo a parecerme a mí mismo.

Despierto en una cama extraña, cegado por una luz blanca. Al incorporarme, la habitación desaparece y me veo pilotando por un desierto rojo. El polvo golpea mi visor, y tras el improvisado aterrizaje, huyo de algo que ruge tras de mí.

Tropiezo, y al levantarme, empuño una espada. Peleo entre gritos, sangre y caballos. Huyo de nuevo. La bestia está cada vez más cerca, y entonces escucho una voz lejana: «todo está en su mente».

Sigo corriendo, y un soplo cálido roza mi mejilla. Ahora escucho: «Quédate conmigo».

Entonces cierro los ojos y busco esa voz, a lomos del unicornio.

Imagen generada por IA (chatgpt)

Microrrelato enviado al concurso "Relatos En Cadena", de la SER. 
Frase de inicio: "Durante un fugaz instante vuelvo a parecerme a mí mismo"
Relato nº 408 desde el origen del blog. 


407. Instinto primario.

Durante un fugaz instante vuelvo a parecerme a mí mismo.

El aire frío me devuelve a la noche. Mi corazón se acompasa, y poco a poco recupero la sensibilidad en mis dedos. La neblina que empaña mi mirada se deshace, y entonces la veo, tendida sobre la hierba, cubierta de sangre. Me acerco a ella, tembloroso. Sobre los árboles, la luna comienza a despejarse. Intento gritar, pero algo en mi interior despierta.

Sus ojos se abren levemente. Me mira. No sé si me reconoce. La luz vuelve a caer sobre mi rostro. Siento cómo mis dientes empiezan a crecer, y antes de saciar mi hambre, escucho su último suspiro.

Imagen creada con IA (gemini)

Microrrelato enviado al concurso "Relatos En Cadena", de la SER. 
Frase de inicio: "Durante un fugaz instante vuelvo a parecerme a mi mismo"
Relato nº 407 desde el origen del blog. 


406. Reinicio y final.

Todos guardaban algún secreto que habían sabido guardar celosamente durante todos estos años, pero que en cierto modo les iba comiendo el alma por dentro, ante la imposibilidad de expulsarlo como el que echa a un parásito de su cuerpo.

La relación con mis amigos había ido de más a menos, como era lógico. Cada uno de ellos tenía una vida por delante, y la mía en cambio, desde el accidente, siempre se mantuvo estancada, cerca de un ocaso que ahora parecía más cerca que nunca. Fue en sus últimas visitas, ya cada vez más espaciadas, cuando los secretos que albergaban me fueron revelados de forma silenciosa.

Claudia y Javier llevaban 20 años juntos, y tras ese tiempo, seguían siendo una pareja envidiada por amigos y conocidos, pese a que en ningún momento se habían planteado ser padres. Tras esa fachada idílica, Claudia le ocultaba a Javier que la noche anterior a su boda la había pasado en la cama de Eduardo, el mejor amigo de su actual marido.

Eduardo seguía aun soltero, pese a los intentos de Claudia por romper su matrimonio y estar con él.

Realmente esa opción nunca estuvo en sus pensamientos. Simplemente, no quería compartir su sufrimiento, ya que nuestro amigo vivía en un continuo estado de nervios, tras haber matado voluntariamente a su madre dos años atrás.

En estado casi vegetativo, condenada a una existencia en cama y con la asistencia de una máquina que la ayudaba a respirar, en cada mirada su madre le estaba implorando el descanso. La máquina funcionaba conectada a la red eléctrica, y tras armarse de valor, se las arregló, con sus conocimientos de ingeniería, para cortar la luz en toda la calle, el tiempo justo para que su madre se asfixiara y encontrara así su anhelado descanso. Eduardo sintió un enorme alivio de haber ayudado a su madre a encontrar el descanso que merecía, pero desde entonces vive con la incertidumbre de no saber si su secreto será descubierto algún día.

Eva también vivía sola, después de varias relaciones que no surtieron el efecto deseado. El paso de los años no parecía afectar a su imagen de chica guapa y sofisticada, que escondía un secreto que todos ignoraban. Para mantener su elevado tren de vida, Eva no tuvo otra opción que venderse como prostituta de lujo, un trabajo que suele conllevar riesgos difíciles de calibrar.

Mi secreto había comenzado mucho antes de que pudiera comprenderlo. Tras un accidente de coche, pasé varios meses en coma debido a un tumor que se extendió en mi cerebro.

Cuando desperté, mi vida ya no era la misma. El lado izquierdo de mi cuerpo estaba parcialmente paralizado, lo que me obligaba a caminar despacio para disimular una cojera.

Pero la peor secuela la descubrí poco antes de salir del hospital.

Una mañana me pareció escuchar una conversación entre el médico y su asistente. Hablaban de mí, pero ninguno de los dos movía los labios.

Me costó encontrarle sentido, pero después de unos días lo entendí.

Podía escuchar lo que pensaban.

Y con el tiempo descubrí algo más. No solo podía entrar sus mentes. Podía quedarme allí.

Podía recorrer sus recuerdos, tocar aquello que intentaban esconder y encontrar, debajo de todas lo accesorio, aquello que realmente les hacía daño.

Cuando se lo conté a mis amigos, al principio pensaron que estaba de broma. Después dejaron de reír.

Fue entonces cuando pude leerlo en sus mentes.

Claudia tenía miedo de quedarse sola. Javier tenía miedo de descubrir la verdad.

Eduardo vivía aterrorizado ante la posibilidad de que alguien reconstruyera la noche en que ayudó a morir a su madre.

Eva tenía miedo de que alguien la reconociera.

Y yo...Yo tenía miedo de morir. Así que decidí hacerles un último regalo.

Entré una última vez. No quería borrar sus recuerdos. Tampoco quería cambiar quiénes eran. Solo hice un barrido selectivo, eliminando aquello que pudiera seguir atormentándolos. Sus miedos, sus inseguridades, aquellas pequeñas heridas que llevaban años escondiendo.

Y dejé algo a cambio. Me aseguré de que ninguno pudiera olvidarme.

Quizá algún día se preguntarían por qué se sentían diferentes. Quizá recordarían nuestras conversaciones, nuestras risas, nuestros buenos momentos. Pero nunca recordarían aquello que les había hecho daño.

Cuando terminé, solo quedaba Claudia. Nos miramos durante unos segundos.

—Necesito que hagas una cosa por mí —le dije.

No preguntó qué.

Se acercó, me dio un beso en la mejilla, apagó las luces y contó hasta diez.

Imagen generada por IA (Chatgpt)

Relato enviado a la web de Literautas.
Frase de inicio "Todos guardaban algún secreto". Frase final: "apagó las luces y contó hasta diez"
Podeis leer el relato en la web de literautas en el siguiente 
enlace.

405. Señales.

De fondo sonaba una canción de Rigoberta Bandini, distrayéndola momentáneamente del análisis de las cuentas anuales. La empresa seguía creciendo, y aunque el ratio no era el esperado, decidió tomarse un descanso y escuchar el disco completo.

Con Busco un centro de gravedad recordó la última convención en las Barbados, el fugaz paseo por la playa y la sonrisa hipnótica del camarero del hotel al servirle la última copa.

Si muriera mañana le enseñó el poso agridulce que destilaba su vida después del trabajo, y con los primeros acordes de VuelaaAAaa, salió corriendo del despacho, decidida a cambiar de aires, y a darle otra oportunidad al camarero.


Fotografia generada por IA (Gemini)


Micrrprrelato enviado al concurso "Relatos En Cadena", de la SER.
Frase de inicio: "De fondo sonaba una canción de Rigoberta Bandini".
Relato nº 405 desde el origen del blog.




404. La justicia por su mano.

El tiempo es un maestro paciente y eficaz, y en la cárcel, es lo único que se tiene. Por eso decidí tomarlo como aliado para reflexionar sobre los errores cometidos y tratar de digerir, de la mejor manera, el castigo, que también se paga, entre otras cosas, en tiempo.

Pero aquí la vida se va deslizando entre los detalles, ¿sabe? En la sonrisa torcida de algunos presos al verme llegar, que me acarreó algún que otro problema después, en las arrugas que iban sumando los más longevos, consumidos poco a poco bajo el abrazo áspero de los muros y las rejas, y fijándome un poco más de cerca en las marcas que trataba de disimular mi hermana, con algo más de maquillaje de lo habitual, en su última visita.

Y entiéndame, Señoría. Ambos sabemos cómo funciona esto. El que algo quiere, algo le cuesta. Y aunque aquí todo se paga con tiempo y en sitios como este acaba generando cierto apego, al final todo llega, incluso el primer permiso penitenciario.

Dicen que el primer golpe nunca se ve venir. Pero sepa usted, Señoría, que en los siguientes, mi cuñado pudo ver quién impartía justicia.


Relato enviado al concurso del blog "Esta noche te cuento". Tema: "Pertenencia"
Se puede leer el relato en la web del blog, en el siguiente enlace.


403. En la orilla.

Cuando consigue sentarse, con el esfuerzo que le exige la edad, esboza una leve sonrisa al ver a todos junto a la mesa.

Dos hijas que han sabido labrarse un porvenir junto a sus parejas, y tres nietos tan inquietos como cariñosos son, a su edad, un legado más que generoso.

Durante la cena saborea con agrado el guiso de maafe que ha preparado su hija pequeña. El sabor le transporta a su niñez, al calor de su hogar, y le reconforta saber que su receta perdurará al menos una generación más.

A su lado se sienta, como siempre, su hija mayor. El resto de la familia conoce y respeta ese vínculo que las une, y que se forjó hace años, durante su viaje a España.

Y aunque la calma reina en su ánimo en el ocaso de su vida, a veces revive esa noche, con una hija en brazos, y la otra en ciernes, en una embarcación que hacía aguas. Entonces vuelve a estremecerse ante el abrazo gélido del agua, ante el empuje de las olas, y sus ojos se inundan de lágrimas al verlo morir en la orilla, ante un país que no lo pondría fácil.

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Microrrelato enviado al concurso del blog ENTC (Esta noche te cuento).
Tema: Coraje.
Podéis leer el relato en la web del blog, en el siguiente enlace.Relato nº 403 desde el origen del blog.

402. La tormenta literaria.

Las olas apenas los balancean mientras navegan por un mar de letras en calma.
Es al atravesar un punto y aparte cuando la armonía se ve sacudida por un giro inesperado, que oscurece el tono y acorta los versos con afilados exclamativos.
Durante varios capítulos luchan por mantenerse a flote contra un hipérbaton, varias paradojas y una elipsis traicionera que acaba arrastrando al olvido a uno de los protagonistas.
Y aunque el texto recupera algo de armonía tras la tormenta, ella no encuentra sentido a su trama, y usando letras suicidas, se precipita hacia un punto final.
Porque su vida, sin él, no tiene historia.


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Microrrelato enviado al concurso "Relatos En Cadena". 
Frase de inicio: "Las olas apenas los balancean"
Relato nº 402 desde el origen del blog. 



401. La asociación.

Los pliegan, los guardan en sus bolsos y se largan en silencio, evitando llamar la atención. Ya en sus casas, abren los sobres, donde se incluye la información necesaria para que cada una de ellas elimine al marido de otra. Pese al adiestramiento, ninguna puede evitar los nervios previos al momento de terminar la misión, y cuando alguna se ve superada por las circunstancias, saben que pueden contar con Antonia. Hace dos años ella sola se bastó para eliminar a su marido, y desde la soledad de su casa, para volver a matar, tan solo necesita un buen motivo.



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Microrrelato enviado al concurso "Relatos en Cadena", de la SER.
Frase de inicio: "Los pliegan, los guardan en sus bolsos y se largan en silencio".
Relato nº 401 desde el origen del blog.


400. Omisión letal.


Con sus flamantes nombres en latín, el dossier entregado describía con detalle la estructura y potencial de replicación de los compuestos.
El científico había elaborado, bajo amenazas, y en tiempo récord, un virus letal y altamente contagioso por aire y fluidos.
La composición del antídoto, que valdría millones en el mercado, también se detallaba en la documentación.
En el primer ensayo, realizado en la sala sellada, el virus y el antídoto funcionaron satisfactoriamente al inyectarlos en su mujer, como obligado sujeto de ensayo.
No obstante, el dossier omitía una segunda prueba, denominada ultionem cruentam que sufrieron, por contacto directo, todos los asistentes de la sala anexa.




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Microrrelato enviado al concurso de Relatos En Cadena, de la SER.
Frase de inicio: "Con sus flamantes nombres en latín"
Relato nº 400 desde el origen del blog.