349. Aullidos.

Solo puedo encogerme de hombros y esperar a que oscurezca oculto entre la maleza, con la esperanza de que en algún momento cese la vigilancia sobre el castillo.

Nunca llegué a entender la negativa a una relación que nació libre y que se transformó bajo el abrigo del amor verdadero. Nadie debería interponerse ante semejante despliegue de sentimientos, bajo el cual poco importan el linaje o las posesiones.

Los soldados siguen en guardia, pese a que ya es noche cerrada, y bajo el fulgor de la luna llena, escucho un aullido lejano, al cual respondo de inmediato, ya en mi estado natural, y con las garras afiladas para la lucha.




Micro relato enviado al concurso “Relatos en Cadena “, de la SER. Frase de inicio: “Solo puedo encogerme de hombros y esperar a que oscurezca”.

Relato nº 349 desde el origen del blog.



348. Rabieta de superdotado.

Sigo dando la cena a los niños mientras su padre le dice que es el sexto colegio en lo que va de curso, y que cuando uno tiene doce años no debería cuestionar los métodos pedagógicos de sus profesores, ni aun teniendo razón.

Javier responde que la propuesta educativa actual no garantiza el crecimiento intelectual de nadie. Después expone los cálculos de su estudio sobre el colapso de una civilización basada en la sobreexplotación del entorno, y se despide aseverando que dadas las circunstancias, y como nadie le hace caso, en adelante vivirá en un búnker construido con las ganancias de sus inversiones en bolsa y bitcoins.

Imagen de Maikol Aquino en Pixabay


Microrrelato enviado al concurso Relatos En Cadena, de la SER. Frase de inicio: "Sigo dando la cena a los niños".

Relato nº 348 desde el origen del blog.

347. Ciclo mortal.

Desde que comencé a caminar por el sendero de la vida se que nada ocurre por casualidad, siempre hay una razón para todo, una llave oculta al final del hilo con la que abrir el rompecabezas de lo inexplicable, y en cierto modo, un patrón que se repite en el hálito de nuestra existencia, marcando nuestros actos, y en cierto modo, nuestro devenir.

Quizá por ello no me sorprendió estar en aquel idílico paraje, el mismo día y a la misma hora, tres años después, paseando de la mano de una mujer de belleza similar a la anterior.

Su perfume se mezclaba con el aroma del rocío, y una tibia brisa mecia su pelo mientras caminábamos por el bosque hacia el acantilado. Al igual que en los casos anteriores, como testigos contaba con unas vistas idílicas del mar desde lo alto de las rocas, el amor de una mujer y la promesa de un futuro en la mejor compañía.

Todo parecía conducir al mismo desenlace, ese en el que beso a la chica, la empujo con fuerza hacia el abismo y aguardo entre lágrimas el golpe contra las rocas, para después regresar en silencio, pensando irremediablemente en la siguiente víctima.

Microrrelato enviado al concurso del blog “esta noche te cuento”.

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Relato nº 348 desde el origen del blog. 


 

346. Los enviados.

Nuestros nombres eran los meses del año, ya que nadie conseguía distinguirnos cuando nos veía o intuía nuestra presencia.


Es cierto que llegamos de forma inesperada, y que en ningún momento nos sentimos bien recibidos, pero con el paso del tiempo la mayoría empezamos a formar parte de sus vidas, y al final, aunque solo fuera por un instante, conseguimos que alzaran la mirada, reconociendo el sentido de nuestra existencia.

Solo uno de nosotros continuó recogiendo miradas huidizas y gestos resignados, como la de aquella anciana que le susurraba, aceptando a regañadientes su mano, que nadie quería morir bajo el manto helado de diciembre.


                           
                                                                       Imagen de Fran Soto en Pixabay


Microrrelato enviado al concurso "Relatos En Cadena", de la SER. Frase de inicio: "Nuestros nombres eran los meses del año".

Relato nº 346 desde el inicio del blog.