371. Una noche cualquiera tras el apocalipsis.
370. La tejedora de sueños.
A veces esos sueños se enlazan unos con otros, y otras son bruscamente interrumpidos, como esa noche, cuando la despierta una luz brillante filtrada entre los cartones, y al incorporarse ve una sombra que le tiende la mano.
Y ante la duda de lo que el destino le pueda deparar, acepta el reto, porque ella, pese a todo, siempre elige soñar.
369. Siempre adelante.
Cuando consigue soñar, y pese a la soledad que devuelve el espejo cada mañana, todo se hace más sencillo, y entonces se olvida del bote de pastillas y se centra únicamente en cumplir su promesa, escribiendo repetidamente en su nuevo cuaderno de vida la frase “lo mejor está siempre por llegar”
368. El detonante.
Microrrelato enviado al concurso "Relatos En Cadena", de la SER.
Frase de inicio: "Vuela, principe, vuela".
Relato nº 368 desde el origen del blog.
367. La última cena.
366. La sonrisa.
Pasamos horas en la playa, hablando, riéndonos de todo y confesando cualquier secreto del que quisiéramos despojarnos para ser libres.
Después la pierdo de vista, y cuando el agua de la marea acaricia mi cara, me sorprende con un bolígrafo, el acuerdo de divorcio, y ese brillo que tienen sus ojos cuando sabe que va a conseguir lo que quiere.
365. Esguince de tobillo en grado 3.
Estando en juego el papel de protagonista, Marta sabía que cualquier detalle podía decantar la decisión final del director, y por ello buscaba siempre la perfección en cada uno de sus ensayos, pues a su juicio esa era la mejor herramienta, junto con la capacidad de observar y aprender del entorno, para disputarle el puesto a cualquiera.
En la última prueba del proceso de selección en el que participaba debía interpretar una canción mientras descendía bailando por una amplia escalera con peldaños de mármol, flanqueada por balaustradas de forja y barandales de madera.
La rival con la que iba a jugarse el puesto, una vieja conocida, comenzó su número bajo la atenta mirada de Marta.
Los primeros pasos se ciñeron a lo esperado, con tres giros y dos saltos perfectos. En la mitad del número, su contrincante se gustaba interpretando eficazmente el estribillo, y ya en el tramo final, sin fallos, y viéndose con el contrato firmado, pisaba con fuerza para coger impulso en el último escalón, justo donde Marta había dejado, en su ensayo anterior, y con absoluta discreción, tres gotas de aceite lubricante, las suficientes para garantizarse el puesto, y avanzar un paso más en su carrera.
364. El viento que mece el olvido.
Desde entonces, no encontramos mano de obra. Tras la explosión, todos en la fábrica sufrieron un síndrome postraumático que los dejó sin memoria. El problema se agudizó después, cuando en sus casas, olvidaron todo rastro de sus vidas, en medio de una niebla espesa y voraz que se ensañó con sus recuerdos. Al final de ese trance se los vio en las afueras, permaneciendo inmóviles durante varios días, hasta que sus pies se hundieron en el suelo, sus rostros se difuminaron, y sus brazos se ramificaron sin cesar, floreciendo después en una lluvia de polen rojizo que el aire mece suavemente, enviándolo de vuelta a la ciudad.

.jpg)







