Plan de separación fallido.

Se escucha ese “Pi” infinito, tan irracional, en el momento en el que la vida real y la imaginada confluyen en un mismo camino, hacia una visión transustanciada de la que, sin saberlo, siempre ha sido consciente.

Durante el viaje va soltando pedazos de vida que se difuminan al tocar el suelo, dejando atrás todo atisbo de lo que fue. Y al final del trayecto, en el último aliento de su consciencia, alguien le señala la puerta trasera, una vía de retorno habilitada para todo el que ha dejado asuntos pendientes.

Entonces le sobreviene el recuerdo de su ex mujer. Igual su plan no era tan perfecto.  


Micro relato enviado al concurso "Relatos En Cadena", de la SER. Frase de inicio: "Se escucha ese “Pi” infinito, tan irracional"



Confesiones.

Le pido que haga todo lo posible por mantener con vida a mi marido un poco más, y me siento junto a la cama a velar sus últimos instantes.

Cuando estamos solos le susurro a mi amor lo feliz que me ha hecho desde aquella tarde en la que se armó de valor para pedirme una cita, y le doy las gracias por su sonrisa eterna, por los fines de semana en el lago, por los amaneceres en la montaña… y antes de su último aliento le pido perdón por haber visto los mensajes de esa chica en su móvil, por mi mal carácter, y sobre todo, por saber hacer que algo como esto parezca un accidente.

Imagen de mohamed Hassan en Pixabay 

Micro relato enviado al concurso "Relatos En Cadena", de la SER. Frase de inicio: "Le pido que haga todo lo posible por mantener con vida a mi marido un poco más"


Los silencios del tercer raich.

Le agradezco con otra sonrisa su mentira piadosa mientras coloca los últimos ladrillos del muro en el que nos esconderemos un día más.

Los niños saben que tienen prohibido hablar mientras estamos ocultos, pero el temblor de sus frágiles cuerpos tras romperse el silencio lo dice todo.

Los ladridos suenan cada vez más cerca, como preludio de los soldados, que irrumpen vomitando un odio que se clava como agujas en nuestras almas. Entonces, mientras los perros arañan el muro, nos cogemos de las manos y cerramos los ojos, como habíamos hablado, poco antes de que que las balas comiencen a silbar.   


Micro relato enviado al concurso "Relatos En Cadena". Frase de inicio: "Le agradezco con otra sonrisa su mentira piadosa"


En buena hora.

No hay tiempo que perder, le susurra el relojero dando cuerda suavemente a su mujer, que últimamente vive con unos segundos de retraso.  Si sale niño, piensan llamarlo Casio.


Micro relato enviado al concurso "Relatos En Cadena", de la SER. Frase de inicio: " No hay tiempo que perder". 



El intruso.

Me hace entrar en mi nuevo hogar cogiéndome de la mano. La casa es muy grande, con paredes de colores de las que cuelgan cuadros bonitos.

En la cocina está mi nueva madre, que me abraza tan fuerte que me hace un poco de daño. Luego me coloca el pelo con su mano y me pide que le llame “mamá”.

Me acompañan a mi habitación, y me piden que tenga paciencia con ellos, que han pasado una mala racha, pero con mi ayuda, todo irá bien.

Y yo quiero creerles, pero me da miedo ese niño que me mira fijamente desde el otro lado de la habitación. 

Imagen de SuperHerftigGeneral en Pixabay

Micro relato enviado al concurso "Relatos En Cadena", de la SER. Frase de inicio: "Me hace entrar en mi nuevo hogar". 




Horas extramatrimoniales,

—Ya estoy en casa —comenta un poco apurada al entrar. 

En la cocina, que parece haber sufrido el paso de un huracán, varias moscas revolotean sobre los platos sucios, que se han hecho fuertes en el fregadero.

Los niños, sin duchar y con el pijama del revés, apuran los últimos envites de una encarnizada guerra de almohadas, mientras su marido resopla en do sostenido en el sofá del salón con el sonido del futbol de fondo.

El suspiro queda ahogado por el sonido del móvil. Comprueba el mensaje y se excita pensando que mañana también tendrá que hacer horas extras con su nueva jefa.


Imagen de Pana Kutlumpasis en Pixabay

Micro relato enviado al concurso "Relatos En Cadena", de la SER. Frase de inicio: "Ya estoy en casa".  


Progresando.

Que gusto da verlo todo recogido. El abuelo Vito estaría orgulloso. Las herramientas limpias y correctamente colocadas, el suelo brillando como la patena y el cemento bien fraguado y con el punto justo de dureza. Ahora ya solo falta que esta vez lancéis al “soplón” al rio y no a la charca, que todavía me duelen los oídos con las risas de las otras familias.

Micro relato enviado al concurso "Relatos En Cadena", de la SER. Frase de inicio: "Que gusto da verlo todo recogido". 



La chica del violín y el joven Corleone.

El preludio sonó en Austria, la ciudad de la música. Ella tocaba el violín en la Filarmónica de Viena, y el trataba de hacerse un hueco como gestor internacional en una organización emergente.

En un concierto, sus ojos se cruzaron para después fundirse en un adagio tan lento como majestuoso del que se dejaron llevar sin más.

Su interludio los llevó por media Europa, guiados por un allegro endulzado con tonos de prestissimo, en el que alguna vez se descolgaba algún acorde desafinado que ella intentaba corregir.

El tempo rubato llegó entre notas, algunas ordenadas y otras a las que simplemente hicieron oídos sordos, rehuyendo un final que ninguno de los dos quería tocar.

En su funeral, junto a toda la familia, ella le dedicó un réquiem, aunque en su mente siempre sonó el “Hallelujah”.


Micro relato presentado al concurso de relatos del blog "Esta Noche Te Cuento". Tema de esta convocatoria: "La música"


Miedo inmortal.

Exactamente lo mismo que decía cuando estaba viva ahora lo susurra a través de las paredes, que rechinan en silencio temiendo que también la pueda encontrar al otro lado.


Micro relato enviado al concurso "Relatos En Cadena", de la SER. Frase de inicio: "Exactamente lo mismo que decía cuando estaba viva".


El niño, el hacha y el soplón.

 —Ese no es nuestro estilo de familia; y a estas alturas ya deberías saberlo.

—Lo siento, Papa. Es que me he puesto un poco nervioso, y él tampoco quería ayudarme con esto.

—Está bien. Recoge el hacha y fíjate en mí; lo hemos hecho muchas veces. Coges el cuchillo, lo clavas con fuerza en su estómago y después, sin dejar de mirarle a los ojos, lo giras lentamente. Así se desangrará por dentro y no lo pondrás todo perdido. ¿Queda claro?

—Si, Papá.

—Muy bien. Y ahora limpia todo esto antes de acostarte. Ya sabes lo que opina tu madre sobre los cadáveres en el sótano.


Micro relato enviado al concurso Relatos En Cadena. Temporada 2020-2021. Frase de inicio: "Ese no es nuestro estilo de familia"