Ángeles y demonios.

Esas alas de plástico servían para volar; lo había oído ese día en el corrillo que hacía su demonio durante el recreo antes de quitarle el dinero del bocadillo a patadas.

Esa noche le preguntó a su madre si los ángeles podían volar.

Al día siguiente nadie le encontró en el patio, tampoco en clase, y tras verle en la escalera, con las alas puestas, su demonio salió corriendo tras él.

Ya en la azotea, antes de llegar al peto, y cuando estaba a punto de alcanzarle, se agachó para que su demonio tropezara con él y cayera al vacío disipando sus dudas.

Ellos tampoco vuelan.




Micro relato presentado al concurso "Relatos en Cadena", de la SER. Frase de inicio: "Esas alas de plástico servían para volar"

Secuencia de acuerdos satisfactorios...


Los padres de Tomás insistían en recuperar al estúpido de su hijo a toda costa, y procedieron, a instancias del tipo rojo, a cumplimentar el impreso C-220.

—Debo decirles que esta diligencia solo les da derecho a la devolución del cuerpo. El alma fue transferida bajo acuerdo verbal a cambio de una Tablet con pantalla retina y una consola de última generación.

—¿Qué quiere decir con lo de que solo tenemos derecho al cuerpo?

—Que solo recuperaran algo parecido a un mueble, Señora. Un ente que no interactuará con nada ni con nadie.

Los padres de Tomas se miraron durante un tímido instante, preguntando después, al unísono.

—¿Y dónde hay que firmar?



Micro relato enviado al concurso "Relatos en Cadena" de la SER. Frase de inicio: Los padres de Tomás insistían en recuperar al estúpido de su hijo...


Se vende casa con encanto...

Cuando se ausentaba de casa, las tejas encogían, retorciéndose después hasta llegar a difuminarse entre los remolinos del viento.

Las paredes crujían, voluntariosas, buscando muescas por donde plegarse una y mil veces hasta llegar al tamaño de una mota de polvo. Y el suelo crepitaba, desgarrándose en agujeros por donde brotaban farolas y algún árbol despistado que siempre venia bien para la causa.

El juego se repetía una y otra vez, hasta ese día gris en el que la chimenea no le vio cruzar la esquina, la puerta no bailó al paso de nadie , y las ventanas observaron recelosas un cartel en el jardín.


Micro relato enviado al concurso "Relatos en Cadena" de la Ser. Frase de inicio: "Cuando se ausentaba de casa"...

Micro relato. Ante proyecto del Big Bang.

Me quedé dormido hilvanando constelaciones, separando cuidadosamente los agujeros negros de los campos de asteroides, y asignando a cada sistema planetario una estrella con el tamaño adecuado. 
                      
A la mañana siguiente confirmé las distancias entre infinitos, establecí las condiciones de vida para todas las especies y plegué mi propuesta de universo tras una convincente presentación. 
                                   
La respuesta del tribunal, tras ser rechazado mi proyecto fue, simplemente, que le faltaba algo de chispa...



Micro relato enviado al concurso "Relatos en cadena" de la SER. Frase de inicio: "Me quedé dormido hilvanando constelaciones"...

Micro relato. Proceso de eliminación.


La fastidiosa mosquita con su lengua veloz parece haberse decidido por el responsable de recursos humanos. Es posible que su tez, algo más violácea que la del director ejecutivo, haya influido en su decisión. 

No sé, la verdad es que yo aun no lo tengo claro. Y por eso compruebo nuevamente sus ataduras, les vuelvo a pedir paciencia, y les aseguro, usando sus mismas palabras, que mañana será un día en el que se abrirán nuevas posibilidades. 



Micro relato presentado al concurso "Relatos En Cadena" de la Ser. Frase de inicio: "La fastidiosa mosquita con su lengua veloz"...

Micro relato. Juegos del hambre.

Nos comimos a algunos vecinos, para no defraudar a la audiencia; aun siendo evidente que ni la textura ni el punto de sal habían estado a la altura de una semifinal.

Por eso, sin esperar mucho más de los tres segundos marcados por el regidor, el candidato, junto con el  resto de concursantes eliminados, y el miembro del jurado menos valorado por el público, fuimos enviados a la prueba de eliminación.

Ni que decir tiene que el ganador se dio un festín a mi costa…


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Dos micro relatos para REC.


Expediente de baja 1000002.

—Para que luego digan que los monstruos somos nosotros— murmuró el rey de los vampiros en su enésimo periodo de espera con la operadora que estaba tramitando su baja del servicio telefónico.

Penitencias.

—Para que luego digan que los monstruos somos nosotros; Padre.


—La vida no siempre es fácil, hijo; y no sabemos que ha podido conducir a toda esa gente atormentada a cometer tales horrores. Tu pecado no es solo haberte tomado la justicia por tu mano, eso es misión de Dios. Tu pecado es que eres demasiado observador. Reza diez ave marías y dos padres nuestros.

—¿Y usted, Padre? —Dijo mientras soltaba el seguro de su arma— ¿va a confesar su pecado?

 

Micro relatos presentados al concurso "Relatos en cadena" de la SER. Frase de inicio: "Para que luego digan que los monstruos somos nosotros"...






La leyenda del dragón troleado


Acercándose un poquito más al borde del barranco donde se esconde el dragón, el sensor de movimientos percibirá la presencia del candidato, y ordenador emitirá una captura de rugido estándar, procesando a continuación todos los datos disponibles.

Siguiendo el algoritmo predominante, la hombría del candidato habrá pasado del nivel medio alto al medio bajo en pocos segundos, y su consideración con respecto a la belleza de la princesa pasará del estatus “sin parangón” al escalón “normalita”.

A continuación el ordenador emitirá el diagnostico “no intervenir”, y el dragón seguirá con su partida de fornite, mientras en twitter gana fuerza el hastag “entradito en carnes”.


Micro relato presentado al concurso "relatos en cadena" de la SER. Frase de inicio: "Acercándose un poquito más al borde del barranco donde se esconde..."


Cáceres, ciudad de leyenda


Hace poco tuve la oportunidad de correr, por primera vez, la carrera nocturna “intramuros”, que se celebra de noche por el casco antiguo de Cáceres. Tras el fervor inicial, generado por el ambiente reinante antes del comienzo de la prueba, con cerca de 500 corredores inscritos, la adrenalina poco a poco fue disipándose bajo la cadencia de las zancadas, y en el tránsito por las calles milenarias me vino a la cabeza uno de los últimos clásicos que había llegado a mis manos: “las ciudades invisibles”, de Ítalo Calvino. El libro incluye una serie de descripciones que Marco Polo hace al emperador de los tártaros, Kublai Jan, sobre las ciudades de leyenda que ha ido visitando a lo largo de sus viajes, con la particularidad de que todas tienen nombre de mujer, y que en ningún momento el gran Jan acierta a saber si son ciudades reales o ensoñaciones del viajero. 



Subiendo por la Calle Adarve, camino de la judería, pisando ya calzada de canto rodado, y tras pasar por el Arco de la Estrella, considerada la puerta de acceso al casco antiguo, imaginaba que una de esas ciudades legendarias bien podía ser Cáceres, y en mis pensamientos veía a Marco Polo descansando en la concatedral de Santa María, con la mirada perdida entre las bóvedas de crucería y las vidrieras de colores tras su paseo, vivido o soñado, por la antigua Norba Caesarina. 



Se me fueron un par de kilómetros más pensando en que nombre hubiera puesto Marco Polo a nuestra ciudad a su vuelta a tierras persas. Quizá fuera Berenice, la ciudad de los justos, en honor a sus gentes, o tal vez Fílides, la ciudad de las prendas, por la belleza de sus blasones. 

Mas tarde, ya enfilando la calle Caleros desde la plaza de Santiago, llegué a la conclusión de que Marco Polo habría dado a Cáceres el nombre de Valdrada, que, según su descripción, es una ciudad que conserva en sí misma la de verdad y su reflejo. 


Y es que la descripción que el legendario viajero le hizo al emperador de los tártaros no dista mucho de una ciudad que conserva intacto su legado dentro de la muralla; patrimonio de la humanidad, y cuyo reflejo orgulloso se extiende alrededor de ella, con la plaza Mayor como nexo de unión entre el antes y el ahora. 

Poco después todos los participantes terminábamos el recorrido cruzando la meta, ya fuera del casco antiguo, pero con el reflejo, aun intacto, de todo lo acontecido en el interior de esa ciudad de leyenda.

Inciso.

-¿Me oyes?  –dice cogiéndome de la mano.

Me besa y vuelve a contarme su sueño. Lo poco que queda para la boda, sus nervios, la ilusión por ese viaje que siempre ha querido hacer, y lo poco que queda para que vivamos en esa casa que parecía que nunca iban a acabar de construir. Me vuelve a decir los nombres de los hijos que quiere tener, y lo felices que vamos a ser juntos.

Me abraza de nuevo y me dejo llevar por ella. Hoy toca ser feliz. Lo de mi visita al médico y ese tumor sin solución, puede esperar.


Micro relato presentado al concurso "relatos en cadena" de la SER. Frase de inicio: ¿Me oyes?