Resulta irónico pensar que hasta hace
unos días nos considerábamos la especie dominante, la que imponía las reglas
del juego acaparando espacios y recursos, mientras arrinconaba al resto en un
orden establecido que impusimos sin preguntar.
Incluso tuvimos la arrogancia de
mirar a las estrellas, dando por hecho que en este mundo ya nada escapaba de
nuestro control.
Y hoy recurro de nuevo a esa ironía
al ver como el planeta sigue girando, la naturaleza sigue su curso, pero nuestro
mundo permanece parado, escondido en cada casa, y con miedo a un enemigo que ni
tan siquiera alcanzamos a ver, pero que en tan solo un suspiro nos ha devuelto
a la casilla de salida.










