Nada mas comenzar el juicio percibí que tendría difícil hacer valer mi postura, y que necesitaría poner en juego todas mis habilidades ante un letrado tan eficiente, que desmontaba cada uno de mis argumentos con referencias a jurisprudencia de que ni yo ni mis mas versados colegas conocían.
Todo apuntaba a que el recurso
contra la recién creada ley de inteligencia artificial iba a desestimarse,
habida cuenta de cómo se estaba desarrollando el juicio, y del escaso margen de
negociación que podía quedarme ante el inmaculado planteamiento del abogado
defensor.
Su excelso despliegue técnico y
procesal me dejo impresionado durante su alegato final, y no pude hacer otra
cosa que deleitarme ante el trabajo bien hecho. No obstante, durante mi
observación, note algo extraño en la expresión de mi colega, y que me hizo
cambiar radicalmente de estrategia. En sus veinte minutos de alegato, sus ojos
no llegaron a parpadear.
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