Nunca escalábamos de día; fuera
cual fuera el reto al que nos enfrentáramos. Desde que el mundo se había
convertido en una feria global en la que había que guardar cola hasta para
subir un “ochomil”, la compañía de la noche se había convertido en nuestra
mejor opción. No estaba exenta de riesgos; como la falta de visibilidad, pero en
contrapunto teníamos la tranquilidad que aportaba el silencio, y los nuevos
amaneceres que se añadían a nuestra ya larga colección.
Mi padre acumulaba años y muchos
metros cuesta arriba, pero se había empeñado en coronar la Montaña de los Espíritus,
una de las pocas cimas que se nos resistía, a veces por el tenaz viento escarchado
que parecía encoger el alma, otras por la falta de oxígeno, pero esta vez
tiraba de mí con una fuerza y determinación que hacía tiempo no recordaba.
Alcanzamos la cima antes de un
amanecer que recibimos sentados el uno junto al otro. Los primeros rayos de sol
iluminaron el semblante sereno de mi padre, al que vi feliz. Después su
respiración se fue relajando poco a poco, hasta que la calma llegó a su espíritu,
que se hizo uno con el de la montaña.
Micro relato enviado al concurso del blog: "Esta Noche Te Cuento". Tema: "Colecciones". Podéis leer el micro relato en la web del blog en el siguiente enlace.
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