Su
padre también le dejaba conducir la furgoneta con la que transportaban la
mercancía. El material era fácil de obtener; bastaba con estar en el momento
justo y en el lugar apropiado. La cola del cine, cualquier atasco o esos
ingenuos enfados que tratan de ser imperecederos sin llegar a serlo eran
grandes bancos en los que pescar.
Al
principio solían cambiarlo por oro; pero luego se dieron cuenta de que su valor
era incalculable, y que merecía la pena repartirlo, sin más, a quien realmente
la necesitara. Y así lo hacían, aunque su padre, sin que él se diera cuenta,
solía guardar un poco en su bolsillo.
Micro relato presentado al concurso "relatos en cadena", de la cadena SER. Frase de comienzo del relato: "su padre también le dejaba conducir la furgoneta"
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