La
casa ha empezado a llenarse de hormigas; que van y vienen, cargando con
pequeños pedazos de su existencia; y desapareciendo después por aquella aguja
ennegrecida con la que tantas veces intentó recomponerse.
Mas
abajo acuden los gusanos; lentos pero certeros; voraces devoradores de soledad.
Y casi
al final de su descenso le inunda la tristeza; no por su destino, que merece; sino
por aquella promesa rota, por la que tendrá que rendir cuentas; y por no saber,
una vez más, que decir…
Comentarios
Publicar un comentario