04 agosto 2011

Microrrelato. Tempestades.

El barco se agitaba con fuerza a causa del viento furioso y el oleaje desmedido. Los marineros, victimas de su pesimismo, intentaban sin ánimo guarecerse del temporal en los pocos recovecos que albergaba la embarcación; la tormenta no cesaba y la estabilidad del barco se había convertido en una cuenta atrás inexorable para la integridad de sus marineros, que veían cerca el naufragio del mismo.

Pero en el albor de la catástrofe, el vigía divisó un rayo de luz peleando entre la tormenta; un soplo de vida en el borde de la muerte, armando de valor a los marineros que llevaron la nave a aguas tranquilas.

A veces la diferencia entre la calma y la tempestad la marca la paciencia y la templanza. 

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